10 abril, 2019

Me juzgo como madre constantemente y no quiero seguir haciendolo

es dificil ser madre

Vivimos en una sociedad con una carga social importante basada en juicios. Arrastramos muchos años de una religión Cristiana que se ha basado en la moral como herramienta fundamental. Es decir, nos han enseñado, como algo importante y necesario, a identificar y separar  lo que está bien de lo que está mal, sin tener en cuenta lo importante que es la diferencia.  

En este contexto entramos nosotras y nuestra maternidad valorándonos como nos han enseñado, si soy buena madre o si soy mala madre.  Mujeres que necesitamos reafirmarnos constantemente porque lo que recibimos de fuera no son mas que juicios: “ Como que le das el pecho aquí delante de todo el mundo”, “tu hijo no para de gritar”, “todavía con tres años toma el pecho? Le estas mal criando”,” no le cojas tanto en brazos que se acostumbra mal”, “que poco come tu hija”, “cuanto come”,” ¿que le pasa? Pobre crío que no le cogen en brazos”… juicios que nos llevan a pensar al final que hagamos lo que hagamos somos malas madres.

Leemos libros para aprender a ser buenas madres, libros que según quien los escriba  te aconsejan una cosa u otra. Cuando salimos al mundo y buscamos apoyo para que nos ayuden a criar a nuestras hijas lo que nos encontramos es todo lo contrario, juicios.  Esto se escribe fácil pero el día a día de esta carga es muy dura.

Ahí me encontraba yo hace unos años. Todos los comentarios que oía sobre mi crianza me dolían porque sin querer me llevaban a valorarme como mala madre. Me enfadaba que la gente con toda la facilidad del mundo se tomaran el  permiso de decirme o hacer lo que se les ocurriera, que casi siempre eran cosas negativas, y yo no tuviera el valor de responder defendiéndome de sus ataques. A las charlas que acudía sobre cómo criar a mis hijos parecía que tenía que justificarme por como había actuado en cada situación. Me daba cuenta que cada vez que me expresaba y me devolvían que no lo había hecho bien me sentía muy triste. Todo tenía que ver con el juicio que emitía “no lo has hecho perfecto”. Y empecé a darme cuenta de que yo también juzgaba a las madres que no lo hacían como yo. Sin darme cuenta emitía juicios de lo que hacían otras madres constantemente.

Hasta que un día me dí cuenta que según en que situación me encontrara podía aceptar algo que antes criticaba. Por ejemplo: estuve muchos años sin trabajar y valoraba mucho el tiempo  que les dedicaba a mis hijos, criticaba a las madres que trabajaban y no estaban con sus hijos. Hasta que tuve que trabajar y empecé a darme cuenta que teniendo una vida aparte de mis hijos respiraba y que volviendo a ellos estaba mas contenta porque les había echado de menos. En ese momento deje de juzgar a esas madres que trabajaban. Y así un largo etcetera. Cuanto mas me acercaba a lo que rechazaba terminaba aceptándolo.

Por tanto está claro que según en que situación nos encontremos, que vivencias hemos tenido, que nos han enseñado, que hemos aprendido… podemos darles unas cosas y no otras. Y cada una de las cosas que cada madre damos a nuestros hijos es enriquecedora para ellos, incluso las que valoramos como negativas ya que de ellas aprendemos y aprenden. Sabemos lo que necesitan solo nos queda confiar en nosotras mismas.  

Por tanto empecemos a mirar en que nos enjuiciamos nosotras y como enjuiciamos a las demás para poder identificar hacia donde vamos. Habiendo identificado esto podemos aceptar lo que somos y aceptar al otro como alguien diferente a mi, que también tiene sus carencias, miedos, sentimientos dispares, inseguridades y falta de confianza.

Ponte en marcha! Escribe todos los juicios que emites a cada persona y los que te emites a ti misma e identifica cual es para ti el opuesto de cada juicio. Crearas un esquema de diferentes cualidades que rechazaras o que aceptarás. Ya veras como las cualidades que rechazas no están tan lejos de ti en algún momento de tu vida.

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Confia en ti!! Eres la madre que tu hijo tiene y necesita. Y dejate en paz porque lo que haces es lo que es y tiene un valor inmenso.